En el pent-house, solo se oía el latido acompasado de dos respiraciones. Leonard aún no dormía. Sentado en el suelo, con la espalda apoyada en el sofá, tenía la cabeza inclinada hacia atrás. Abril estaba de pie junto al ventanal, mirándolo de reojo, como si quisiera descifrarlo.
Finalmente, ella giró el rostro.
—Leonard… hay algo que quiero preguntarte.
—Dilo —susurró él, sin moverse.
Ella bajó la mirada.
—¿Alguna vez… has pensado en tomar terapia?
El silencio que siguió fue como una cuerda ten