Horas después. Yorkshire.
Leonard fue recibido por la ama de llaves y llevado a una habitación donde el papel tapiz parecía pertenecer a otro siglo.
El silencio lo envolvió. Y por primera vez en meses, no supo qué hacer con tanto tiempo muerto.
Se sentó frente a la ventana, mirando el jardín. Recordó la peluca sobre la calavera, el teatro ridículo, la risa. La primera carcajada auténtica de su vida.
Y ahora todo eso se había acabado.
Unos nudillos llamaron a la puerta del salón.
Leonard se leva