El jueves por la tarde, el portón se abrió, el coche entró y la casa recuperó su pulso habitual.
Carlo había estado fuera dos días. Regresó con la misma energía de siempre, pero con algo extra: una fila de bolsas colgando de los brazos de dos asistentes y del chofer. No eran tres ni cinco. Eran más de diez, todas de marcas que María solo había visto en escaparates o en editoriales: La Perla, Max Mara, Dior, Roland Mouret, Loro Piana, Jimmy Choo, Saint Laurent. Cajas largas, fundas de vestido, s