El almacén de Marsella se sentía como una catedral de metal herido. El viento siseaba a través de las chapas del techo, mezclándose con el sonido errático de la respiración de Leonard. James Ford permanecía en un rincón, vigilando las entradas con una ansiedad que lo hacía parecer un animal enjaulado, mientras Katie preparaba el "quirófano" improvisado sobre una mesa de embalaje de madera.
El tiempo se había convertido en un enemigo físico. Si James decía la verdad, el satélite del Consejo de l