La oscuridad de los túneles subterráneos de la red de alcantarillado de Lyon olía a humedad, óxido y a la desesperación de los que viven al margen del sistema. Leonard permanecía sentado sobre una caja de municiones, envolviendo sus manos quemadas en vendajes limpios con una parsimonia aterradora. Sus huellas dactilares habían desaparecido, sustituidas por una superficie lisa y cicatrizada, un testimonio físico de su renuncia al mundo legal.
A su lado, la pequeña pantalla de una terminal portát