El aire en Libertia ya no vibraba con la frialdad estéril de los algoritmos. Tras la liberación del suero de Thomas Moore, la ciudad respiraba un caos orgánico: el llanto de quienes recuperaban sus recuerdos, la risa nerviosa de quienes sentían afecto por primera vez y el murmullo constante de una humanidad que despertaba. Pero en el corazón del Nexo, donde los servidores de grafeno se hundían en las profundidades de la estructura flotante, la sombra de la Matriarca Sinclair persistía como un c