La madrugada estaba teñida de un gris metálico cuando el equipo de la Policía de Investigaciones terminó de asegurar los servidores principales. Sofía hablaba por radio con la fiscalía, confirmando que todas las copias y registros habían sido resguardados. El edificio de TecnoInv, normalmente impecable, se sentía como un campo de batalla silencioso.
Pero en el piso veintidós, una alarma interna parpadeó en las cámaras de seguridad.
—Movimiento en la oficina de la junta —avisó uno de los agentes