Capítulo 65. Darren
Nunca me había pesado tanto el silencio. El de la casa, el del teléfono apagado, el de la ciudad cuando amanece. Me acostumbré a que el ruido me salvara de mí mismo: juntas, motores, firmas, correos, gente pidiéndome decisiones. Pero, desde que entré a la fiscalía con el folder que Leiah y Johan me pusieron en las manos, el ruido cambió de bando. Ahora el estruendo lo hacen los otros: los micrófonos, los flashes, las voces que quieren arrancarme una declaración en la escalera de los tribunales.