El beso no debió pasar.
Pero pasó.
Y no se detuvo a tiempo.
El aire entre ellos estaba cargado.
Pesado.
El pecho de Lía subía y bajaba rápido.
Demasiado.
Como si algo dentro de ella…
Se estuviera acelerando.
—Esto… —intentó hablar— no está bien…
Pero su voz se cortó.
Porque lo sintió.
Otra vez.
Pero más fuerte.
Mucho más fuerte.
Un calor.
No como antes.
No emocional.
No físico.
Esto era diferente.
Más profundo.
Más… salvaje.
Lía llevó una mano a su pecho.
—Kael…
Su tono cambió.
Y él lo notó al