El amanecer llegó sin calma. Aunque el sol comenzaba a iluminar el territorio, la tensión de la noche anterior seguía presente, flotando en el ambiente como un eco que no terminaba de desaparecer. Kael no había dormido bien. Apenas cerró los ojos un par de horas, pero incluso en ese breve descanso, su mente no dejó de reproducir el mismo momento una y otra vez: la cercanía de Lía, su voz baja, su desafío… y ese instante peligroso en el que estuvo a punto de cruzar una línea que no debía existir. Se incorporó con brusquedad, pasando una mano por su cabello mientras soltaba un suspiro cargado. No le gustaba sentirse así. No le gustaba perder control, ni siquiera en lo más mínimo, y mucho menos por alguien que, en teoría, no debía significar nada para él. Pero su cuerpo no parecía estar de acuerdo con su lógica, y eso lo irritaba profundamente. Esto se termina hoy, se dijo con firmeza, levantándose para comenzar el día. Necesitaba distancia. Necesitaba orden. Necesitaba volver a se
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