Después de aquella conversación bajo la luz de la luna, algo irrevocablemente profundo cambió entre ellos. No fue una transformación brusca, ni una explosión de esas que sacuden los cimientos de la mansión; fue algo más silencioso, como una puerta pesada que se abría lentamente dentro del pecho de ambos. Desde esa noche, la idea de un futuro dejó de sentirse como un mito lejano en las historias de la manada y comenzó a palparse como algo… posible. Peligrosamente posible.
Lía lo notó primero en