Capítulo 37: Lo que nunca se rompió

El bosque estaba demasiado silencioso.

No era un silencio natural. No era la calma habitual de la noche ni el susurro leve del viento entre los árboles. Era un vacío extraño, como si todo lo que habitaba en ese lugar hubiese decidido apartarse… como si algo más grande estuviera a punto de manifestarse.

Kael lo sintió primero.

Siempre lo hacía.

Su cuerpo se tensó sin previo aviso mientras avanzaba entre la oscuridad, sus pasos firmes pero cargados de una inquietud que no lograba disimular. Había
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