La tarde cayó lentamente sobre el lago, arrastrando consigo la última luz del día. Los rayos finales del sol teñían la superficie del agua de unos tonos dorados y cobrizos profundos, mientras una brisa suave y fresca movía las copas de los pinos alrededor de la propiedad.
Lía permanecía de pie en la terraza de madera, sosteniéndose de la barandilla, observando el paisaje en un silencio casi sagrado. Todavía le costaba asimilar que aquel lugar fuera real. Y más aún... que Kael hubiera resguardad