Capitulo 35: Límites que no existen

La mañana llegó… pero no trajo calma.

Lía abrió los ojos lentamente.

Y por un segundo…

Olvidó.

El juicio.

El Alfa.

El peligro.

Todo.

Hasta que lo sintió.

Ese peso en el pecho.

Esa realidad que no se iba.

—Tres días… —murmuró.

Giró el rostro.

Y ahí estaba.

Kael.

Despierto.

Observándola.

Como si nunca hubiera dejado de hacerlo.

—Deberías dormir más —dijo él, en voz baja.

Lía frunció el ceño.

—¿Y tú deberías dejar de mirarme mientras duermo?

Kael no apartó la mirada.

—No.

Directo.

Sin vergüenza.

S
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