La lluvia continuó decorando el territorio durante gran parte de la noche. No fue una tormenta intensa de esas que azotan los árboles y encienden las alertas en la frontera; fue una de esas lluvias tranquilas, constantes y mansas, que parecen abrazar el mundo entero bajo un manto de estática relajante.
Lía despertó lentamente, envuelta en la pesada manta de lana, sintiendo el calor residual de la chimenea que todavía crujía débilmente en una esquina de la habitación. Por unos breves segundos, d