En el camino donde la tierra se levantaba bajo las patas de los caballos, la marcha del escuadrón de Kaím, listo para la batalla, se detuvo. A la cabecera del grupo enemigo venía un joven Liak a quien jamás había visto en el valle, pero cuyas facciones estaban grabadas en sus memorias. Con una señal de su mano, Kaím le indicó a sus guerreros que bajaran sus armas, justo cuando entre los Liaks que tenía al frente distinguió a Umak, uno de los betas de su padre, a quien no veía desde hacía una et