—¿Yo el alfa supremo? —cuestionó Kaím. Akal y él ya habían hablado del tema, pero ahora era mucho más que una mera posibilidad—. Sería todo un honor, aunque no estoy seguro de merecerlo del todo.
—¿Cómo que no? —replicó Akal—. Tú lideraste las tropas contra Rakum y dominaste todo el valle, perdiendo incluso un hermano en el proceso. Nadie se lo merece más que tú, y si el consejo no está de acuerdo, que me nombren a mí. Abdicaré de inmediato y te pondré en mi lugar.
Akal era persistente, había