Al ver que Eris había llegado por su cuenta al valle, Akal prácticamente se lanzó de su caballo. La abrazó, escondiéndole el rostro en su pecho para que nadie la viera y se la llevó hacia el interior de la mansión.
—¡¿Por qué has venido?! Me juraste que te quedarías en Balardia. ¡¿De qué vale tu palabra?!
—Había información que yo debía poseer porque me involucraba y me la ocultaste. No tienes razones para reclamar —replicó Eris.
—¡Porque intentaba protegerte! Es todo lo que intentaba hacer, p