No hub0 palabras, no hub0 razones que expresara Akal que pudieran hacer a Eris desistir de su idea, por descabellada que fuera.
«Yo resolveré esto», había dicho ella y parecía convencida, como cuando estuvo convencida de que lograría sobrevivir a un esposo trastornado, o cuando estuvo convencida de que lo sacaría de las mazmorras donde Akal era prisionero; o cuando estuvo convencida de que habría un lugar y un tiempo para que vivieran su amor en libertad.
Sin embargo, entregarla al alfa supre