SIENNA
Los tres días siguientes son abrumadores. Massimo no me dirige la palabra, excepto para pedirme que me vaya, maldecirme o gritarme. Todos los días entro a la habitación para cambiarle el vendaje y llevarle comida, pero él apenas me mira.
Incluso, las personas del servicio están empezando a sospechar que hay algo mal entre nosotros. Ya ni siquiera me molesto en ocultarlo. ¡Que piensen lo que quieran!
Cada vez que cruzo esa puerta intento mantener la calma, pero es complicado cuando no dej