SIENNA
— ¿Se puede saber a dónde me llevas? —insisto nuevamente, porque Massimo no ha querido soltar una palabra desde que salimos.
¿Qué quiso decir hace un rato con: “arréglate muy elegante”? ¿A dónde iremos?
Él aspira todo el aire del auto y luego lo suelta, cansado de escuchar la misma pregunta desde hace media hora.
— Sienna, si no dejas de hacer preguntas, tendré que retractarme de darte la sorpresa —advierte, esta vez de peor humor.
Pero ya me ha dicho una parte importante de lo que quiero