SIENNA
Perdí la cuenta de cuantas veces he rondado por la casa y pasado por el mismo pasillo en donde se encuentra Massimo. Han pasado horas. Demasiadas.
El reloj avanza lento, como si el tiempo también tuviera miedo de moverse en esta casa. Ya me he duchado, me he cambiado, incluso he intentado leer algo o distraerme con mi celular, pero nada funciona. La ausencia de noticias de Matteo, y sobre todo de Massimo, me carcome. Nadie entra, nadie habla, nadie hace nada. El silencio me está volviendo