43. De verdad me doliste

Fausto.

Culiacán, Sinaloa.

—Iré solo —dije, quitándome la férula con el mayor cuidado posible. El dolor me recorrió el brazo entero, como un recordatorio de que debía mantener la mente clara. Tenía que hacer esto.

Vladimir negó de inmediato.

—Esto puede ser una puta trampa —soltó, con el tono cargado de tensión.

El colombiano a su lado no lanzó ninguno de sus chistes habituales. Solo observó en silencio el panorama que mis hombres cubrían.

Los escuadrones de Emmett habían limpiado todo en un
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