44. ¿Dónde puedo encontrar esperanza?
Indra.
Creí escuchar los gritos de Enzo detrás de la puerta, pero no me moví. No me interesaba contestarle.
Sentía el cuerpo helado, y el extraño nudo en mi garganta no lograba subir hasta convertirse en el grito que sabía que necesitaba soltar.
Permanecí pasmada en la silla de piel dentro de la oficina privada de Fausto, en su antigua casa.
La misma mansión que había sido testigo de cómo nuestro amor floreció... hasta pudrirse en esto.
Aunque ya no tenía la nevera frente a mí, las sencillas r