42. Satisface la rabia
Oaxaca de Juárez.
El aire en el desértico almacén apestaba a basura.
Luka caminó sigilosamente hacia dos jaulas que, en otro tiempo, habían encerrado a los tigres de Dante. Ahora, esas cárceles contenían a dos humanos importantes.
Dos personas que, Luka sabía, hacían muy feliz a Dante en ese momento.
Miró primero la que guardaba a la histérica Victoria, que no dejaba de sollozar y azotarse contra los barrotes.
En la segunda, el amigo de Indra seguía demasiado aturdido tras la golpiza que sus h