38. Memento
Indra.
Fausto se pinchó el puente de la nariz intentando calmarse.
Luego se acomodó el saco y finalmente me ayudó a bajar, sus tensos hombros voltearon suavemente a ver a Vladimir. Su sombra.
—Encárgate de que no cause un espectáculo. Es lo que mejor se le da a Victoria— le gruñó antes de adueñarse de mi cadera.
Me temblaban las piernas. Pero decidí callar por el bien de la fragilidad del momento.
La seguridad con la que Fausto se movía ahora era abrumadora. Más de 40 hombres armados, encub