15. Somos crueles

Fausto.

Hangar privado en Rusia.

Respire.

Respire profundo cuando Ulises me obligó a entregarle el cuerpo desmayado y sucio de mi pequeña.

Perdí la frialdad del cuerpo de Indra y miré en cambio los temblores en las palmas de las manos.

Tragué la saliva acumulada y luego cerré los puños minimizando el gruñido en medio del caos entrada la madrugada.

Tenía los dos aviones listos para largarnos de este lugar ahora mismo.

—Encárguese de Carlota. Ahora.— Ulises me dijo en un ladrido.

Las cejas
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