92. Historias Enterradas
Isidora despertó lentamente, consciente primero del calor del sol en su rostro, luego de la ausencia del cuerpo de Diego junto al suyo. Abrió los ojos, parpadeando contra la luz de mañana que entraba por las cortinas.
La cama estaba vacía. Las sábanas del lado de Diego estaban frías, indicando que había estado levantado hace rato.
Se sentó, pasando una mano por su cabello despeinado, escuchando sonidos del apartamento. Nada. Silencio completo excepto por el ruido distante de tráfico.
—¿Diego? —