El lado de la puerta de Matteo permaneció en silencio.Isidora despertó con el cuaderno de bocetos apretado contra el pecho, el sofá de cuero frío bajo la espalda y la luz gris de la mañana filtrándose por el vidrio de la suite. Dos horas de sueño fragmentado. Ningún sonido al otro lado de la puerta doble. Ningún paso. Ninguna señal de que Matteo hubiera decidido atravesar la línea que él mismo había dejado marcada.Eso, más que cualquier irrupción, tenía el filo de un desprecio.Se incorporó despacio. El mármol estaba helado bajo sus pies descalzos cuando bajó del sofá. Fue al baño, se lavó la cara y se miró en el espejo un segundo demasiado largo. No había ojeras visibles, pero sí esa tensión seca en la boca, esa rigidez que aparecía cuando entendía que el día iba a exigirle más de lo que tenía.Se vistió sin adornos. Un vestido crema, de cuello alto, líneas simples, sin brillo. Algo que no diera nada a cambio. Algo que no pidiera permiso.Caterina la interceptó en el pasillo con una
Leer más