El aroma a tela, a hilo y a creatividad me envolvió en el momento en que abrí la puerta. Era el olor familiar de mi taller, mi santuario, mi refugio. Habían pasado dos semanas y media desde que había estado aquí por última vez, y se sentía como si una vida entera hubiera transcurrido. Mi mano temblaba levemente al tocar el frío metal del pomo.
El aire, que una vez fue el aire más puro que podía respirar, ahora tenía un toque de miedo. Un eco de la noche en que todo se había desmoronado, la noc