Capítulo 41: Vuelta a la normalidad
El aire de mi apartamento era un aroma familiar que me llenó de un alivio profundo, un olor a incienso de sándalo, a libros viejos y a mi propio perfume. Había pasado dos semanas en la casa de mis padres, dos semanas de sanación, de descanso, de un amor incondicional que había sido mi refugio. Me había recuperado de las llagas en mi cuerpo, de las marcas en mis muñecas, y de la voz ronca que me había dejado el tormento. Pero las heridas en mi alma, aunque sanaban, aún estaban allí, un recordator