El martes por la mañana, me encontraba en la oficina de Dumas. Él me había pedido que lo esperara allí mientras terminaba algunas reuniones importantes; el plan era ir juntos a una tienda especializada a elegir muebles y elementos de diseño que incorporaríamos a nuestro apartamento, detalles que él insistía en comprar conmigo.
Estaba sentada en uno de los suaves sofás de cuero de su oficina, leyendo un volumen de filosofía que Dumas tenía en una estantería, un texto sobre el existencialismo que