El jet despegó de la pista de Gandía con un ligero temblor que hizo que Ilein agarrare con fuerza el brazo de Susy. Las contracciones venían ahora cada cinco minutos, intensas y punzantes, y el dolor ya no se podía contener con solo respirar hondo.
—Ya estamos en el aire, querida —dijo el médico, un hombre de mediana edad con manos firmes y voz calmada—. Tenemos todo listo en la cabina trasera. Solo tienes que mantener la calma, respirar como te enseñamos.
Mariana abrió una manta térmica y la c