Luca abrazó a Ilein con fuerza, cuidando de no molestar a Julliano, que seguía dormido en sus brazos. Jean Pierre, con una cesta llena de alimentos caseros, sonrió al ver al bebé:
—¡Qué pequeño tesoro! —susurró, acariciando su cabello negro con la punta de los dedos—. Ya tengo preparada la habitación de bebé que habíamos planeado desde hace meses. Tiene cunero de madera, mantas de lana y un pequeño cambiador con todos los utensilios que necesiten.
—No saben lo agradecida que estoy —dijo Ilein