Máximo llegó al galpón y terminó de revisar los últimos documentos cuando su teléfono comenzó a sonar. Contestó al segundo timbre.
—¿Sí?
—Hola, Maxi. ¿No me reconoces? —dijo Gigiola con una sonrisa falsa, su voz suave pero cargada de amenazas.
Máximo se quedó en silencio por un instante antes de responder.
—Gigiola. ¿Qué quieres?
—Quiero hablar contigo, Maxi —dijo ella, mientras se acariciaba el cuello con la mano que aún llevaba la cicatriz de la astilla—. He sabido de tu relación