Mientras amaneció, Ilein estuvo en el suelo de su habitación, reviviendo una y otra vez lo de la noche anterior. Se mordió el labio sin poder controlarlo —un tic que le había salido de la angustia. Se levantó y caminó de un lado a otro, sintiendo cómo su cuerpo le temblaba cada vez que recordaba la mirada de Máximo: llena de lujuria desenfrenada, sus palabras sucias la habían hecho sentir disgustada, avergonzada, humillada.
Sus ojos, apagados hasta ese momento, cambiaron de expresión cuando d