El silencio en los túneles de la Catedral era más pesado que la piedra que los rodeaba. El eco de la oferta del Limpiador seguía vibrando en las paredes, una tentación bañada en sangre: Mata a Dante Vancini y la ciudad es tuya.
Alessandra sentía el frío del metal de su Glock, pero el frío que recorría su columna era peor. Miró de reojo a Dante. Él no se había movido, pero su mandíbula estaba tan tensa que parecía a punto de romperse. El punto rojo de una mira láser bailaba ahora sobre el pech