El aire en las profundidades de la Ciudad del Vaticano era denso, impregnado de un frío que parecía emanar no de la piedra, sino del peso de dos mil años de secretos. Alessandra y Dante avanzaban por un pasillo flanqueado por estanterías de hierro que se perdían en la penumbra. No estaban en las áreas turísticas, ni siquiera en las zonas de estudio para académicos. Estaban en el "Búnker", la sección del Archivo Secreto donde la Iglesia guardaba lo que nunca debía ser leído.
—Alessandra, ¿me r