La mansión Cavallaro no era un hogar esa noche; era una escena del crimen iluminada por las luces azules y rojas de las patrullas federales. El eco de las botas de los agentes resonaba en el mármol del vestíbulo, un sonido que a Alessandra le recordaba el avance de un ejército invasor.
Dante había logrado meter a Silvio en el búnker subterráneo a través del túnel de servicio del jardín antes de que el perímetro fuera sellado por completo. Ahora, Alessandra caminaba por la entrada principal, c