La gala de la Cruz Roja en el Bâtiment des Forces Motrices de Ginebra no era solo un evento social; era una vitrina de poder donde la arquitectura industrial del siglo XIX se mezclaba con la seguridad de una cumbre nuclear. Alessandra caminaba por el salón principal, su vestido de seda negra cortando la luz de las lámparas de cristal como una sombra líquida.
Cada paso que daba era monitoreado por cámaras térmicas y por los ojos de la inteligencia europea. Pero ella solo buscaba una cosa: la an