Para Emilia, el episodio del depósito fue una pesadilla. De hecho, este se repitió varias veces mientras dormía. En la mayoría de los sueños, Alexander no se detenía tras el beso, ella tampoco se resistía. Despertaba cada vez —a veces en medio de la noche— bañada en sudor frío y otros fluídos que delataron su lucha interior contra sus deseos más básicos.
—Aargh, ¿por qué parece que las hormonas tienen voluntad propia y les gusta ese arquetipo de hombre peligroso y oscuro? —le preguntó al techo.