La luz tenue de la habitación apenas iluminaba las paredes, proyectando sombras alargadas que parecían moverse con vida propia. Era un espacio cuidadosamente decorado, cada elemento en su lugar, reflejando un orden casi obsesivo.
Los muebles de madera oscura y las cortinas gruesas contribuían a la atmósfera opresiva que caracterizaba el Oblivion Lounge. En el centro de la habitación, una cama amplia, con un cabecero tallado a mano, dominaba el espacio. Sobre la colcha de seda negra, Katerina se