El sonido de la respiración pesada de ambos llenó la habitación, acompañado por el ruido del roce de la ropa siendo apartada. La luz tenue de la lámpara proyectaba sombras que bailaban en las paredes, creando una atmósfera cargada de deseo y tensión.
Alexander se inclinó aún más, atrapando sus labios con los suyos en un beso que fue todo menos suave. Sus manos danzaron sobre sus pechos turgentes, pellizcando sus delicados y duros pezones, haciéndola jadear. Katerina se sintió abrumada, la mezcl