Tras la partida de Miguel, Emilia disfrutó de un extraño momento de calma. Las gentiles palabras de su compañero de trabajo amortiguaron esa sensación asfixiante que la estaba atosigando.
El salón de descanso estaba en penumbra, apenas iluminado por una lámpara de pie junto al sofá principal. El murmullo lejano del lounge llegaba apagado, como si el tiempo se hubiese detenido en ese rincón olvidado por la música y los clientes.
Emilia, recostada en el respaldo esponjoso del sofá, mantuvo los oj