Valentín se quedó en el estudio después de que Alma salió dando un portazo.
El eco de la madera cerrándose aún retumbaba en su cabeza.
Encendió un cigarro con manos que temblaban más de lo que admitía. La primera calada le raspó la garganta y llenó el cuarto de un humo amargo, como si también quisiera tapar los pensamientos que lo acosaban.
Se dejó caer en la silla, el sobre todavía abierto sobre la mesa.
Pasó los dedos por las hojas sin leerlas otra vez, como si el tacto pudiera decirle lo que