Robert Lane, con su ironía bien puesta, se ofreció a hacer fotos con un viejo analógico que traía por capricho, y Gino Baggio, con una solemnidad que sorprendía, llevó la caja de habanos como si fuese una reliquia.
Valentín subió al suyo con Enzo y Gianluca, saludó al capitán con una palmada, miró una vez el horizonte y se dejó llevar.
El trayecto fue media hora de belleza; un coche aminoró en la costa como si mirara demasiado, y un dron lejano zumbó sobre el agua, recordando que incluso en med