Bajo sus pies, Manhattan chisporroteaba en un mosaico de neones, faros y pantallas, mientras arriba el viento cortaba las mejillas con olor a lluvia y a historia comprimida.
Alma Rossi lo observó en silencio absoluto. El bullicio de turistas, el zumbido de helicópteros, la música callejera que ascendía desde la Quinta Avenida… todo se evaporó hasta quedar ella y el latido tenso dentro de su pecho.
Repentinamente, una ola de náusea subió a su garganta; un vértigo breve oscureció el borde de la p