La llamada de Valentín llegó pasadas las diez de la mañana.
Su tono era bajo, tenso, con esa urgencia contenida que solo usan los que saben que algo puede estallar en cualquier momento en su contra.
A Alma le bastó oír la primera frase para que una punzada le recorriera el estómago.
Recordó aquella noticia de una operación fallida en Veracruz, cuando una carga similar fue interceptada y dos hombres terminaron flotando en la bahía, no tenía nada que ver con ella, pero esto sonaba igual.
Desde en