El lunes por la mañana, uno de los trabajadores de Alma Rossi llamó a la puerta y le entregó un ramo de flores frescas con gesto discreto.
Alma lo tomó sin decir palabra, reconociendo de inmediato la caligrafía en la tarjeta adjunta con letras finas.
Para una mujer que merece belleza incluso en los días más grises.
Por un instante, Alma se quedó inmóvil, mientras el perfume de las flores iba envolviéndola como un susurro inesperado. Sintió algo que no quería nombrar, una mezcla incómoda de curi