La madrugada había caído sobre Miami como un manto de sombras, fría y silenciosa. El cielo, todavía sin la primera hebra de luz, era un vidrio oscuro atravesado por el zumbido de algún avión lejano. Alma, ahora bajo la identidad de Lucia Bellini, avanzaba midiendo cada paso, como si el suelo pudiera delatarla.
Se obligaba a respirar de manera regular, a no voltear más de lo necesario, a no permitir que el miedo le alterara el ritmo.
Su cabello rubio recién teñido, recogido en una coleta baj